La historia de Michele
Mi "nueva vida" es tan positiva y llena de esperanza que titubeo al querer despertar mis viejos recuerdos de mi batalla con Fibromialgia. Por 20 años, luché contra esta infección misteriosa. Mi enfermedad inició con una serie de síntomas parecidos a los de la gripe acompañada de fatiga extrema, debilidad y dolor en mis brazos y piernas. Las tareas diarias me abrumaban y algo tan sencillo como sacar la lecha de la refrigeradora se convirtió en un reto. Tenía dos hijos en la primaria de quienes debía hacerme cargo y en varias ocasiones esa era mi única motivación para salir de la cama. En un intento por proveerlos de una "niñez normal", alteré mi estilo de vida, eliminando cualquier actividad innecesaria para poder enfocar la poca energía que tuviese para ellos.
Cada salida, tarea doméstica o evento representaba por lo menos uno o dos días de recuperación. Sentía como si estuviese viviendo una "media vida" y rezaba poder vivir lo suficiente para ver a mis hijos crecer. El peso de vivir como el familiar "enfermo" me hacía sentirme culpable y deprimida, sabiendo además que era difícil para ellos comprender una enfermedad sin ninguna muestra física. Al salir me escondía detrás de una cara sonriente. Nadie veía mi verdadero yo que se despertaba en la mañana arrastrando un cuerpo adolorido y rígido de la cama, sintiéndome como si tuviese 100 años.
Mi búsqueda por una cura me llevó a visitar múltiples doctores y a ser la huésped de enfermedades como esclerosis múltiple, artritis, Lyme, Fatiga Crónica, Lupus, Fibromialgia, Diabetes, o tal vez todo era psicosomático. Demasiados exámenes, innumerables medicamentos, cambios en mi estilo de vida continuos y muchos años de desilusión y oportunidades perdidas; finalmente me dejaron sintiéndome desahuciada con una enorme desconfianza en la profesión médica.
Sin embargo, en marzo de 2004, hice mi último intento desesperado por encontrar ayuda y visité el Centro de Fibromialgia y Fatiga en Dallas. El Dr. Kippels inició una serie de estudios profundos que mostraron una disfunción de la tiroides y múltiples desequilibrios hormonales que contribuían en gran escala a los síntomas que me debilitaban. Una vez que los problemas fueron dirigidos y puestos bajo control; empecé a sentirme con más fuerza y energía. Y, al poco tiempo empecé a sentir que se me había regalado una segunda oportunidad para vivir.
Tomar el control de una condición que me había controlado por más de 20 años es una sensación poderosa. Mi primer paso fue empezar a caminar y con tan sólo 9 meses de haber iniciado tratamiento, mis hijos adultos y yo caminamos los 5 kilómetros del Turkey Trot anual en Dallas. Desde entonces, me inscribí en una clase en la Universidad estatal para cambiar el rumbo de mi carrera además de participar en el programa de Big Brother y Big Sister en mi comunidad. Mi familia está asombrada con esta Michele "renovada" en su entorno. A pesar de tener presente que debo seguir un programa de mantenimiento continuo, la compensación por esos 20 años perdidos se ha convertido en una experiencia alentadora. Me despierto todas las mañanas con una nueva vitalidad hacía la vida. Nadie sabe que nueva aventura me trae el mañana.

