La historia de Helga
Una chica de quince años, miembro del comité estudiantil, que practica danza, fútbol, y atletismo… no lo que usted se imagina cuando piensa en un paciente de Fatiga Crónica, ¿verdad? Mi vida antes de ser diagnosticada constaba principalmente de mi familia, las tareas escolares, y los deportes. Al mismo tiempo, estaba en segundo grado de secundaria y estaba constantemente envuelta en alguna clase de actividad. Sin embargo, de repente empecé a sentirme horrible. Pasé de ser altamente activa a apenas poder levantarme en las mañanas. Cuando fui a ver a mi pediatra, hicieron algunos análisis de sangre, la mayoría de los cuales salieron normales. El pediatra no sabía qué andaba mal, y pensó que quizás era algún virus y que mis síntomas desaparecerían pronto. No obstante, en vez de desaparecer solo empeoraron. Cada músculo dolía, tenia constantes dolores de cabeza, no me podía concentrar en la escuela, y a pesar de que estaba extremadamente cansada, me resultaba difícil conciliar y mantener el sueño.
Con el tiempo, mis síntomas empezaron a afectarme más y estaba faltando mucho a la escuela. Fui al hospital para ver un especialista en enfermedades contagiosas. El me diagnosticó con el Síndrome de Fatiga Crónica, y básicamente me dijo que no había mucho que el pudiera hacer, excepto por quizás probar un antidepresivo como el Prozac, el cual ha sido de ayuda para tratar el Síndrome de Fatiga Crónica. Mi mamá estaba renuente a hacer eso, pero aun así comencé a tomarlo, y después de algunas semanas no mejoré nada. El médico me aseguró que iba a tomar un tiempo y que eventualmente debería sentirme mejor. Esa respuesta solo me enojó porque el doctor me despidió como si no hubiese nada malo conmigo, y también porque me dijo que había muy poco que el podía hacer para ayudarme.
Seguí sintiéndome terrible; en un día normal mi actividad más vigorosa fue moverme de la cama al sofá para ver televisión. Odiaba estar tan inactiva porque me encanta la escuela y adoro el tener siempre algo que hacer. Poco tiempo después, mi mamá descubrió el Centro de Fibromialgia y Fatiga. Hicimos una cita y quede asombrada en la primera visita. El médico me explicó lo que era la Fatiga Crónica y me habló de todos los tratamientos que tenían. Comencé un tratamiento de inmediato y un cambio drástico tuvo lugar. ¡Tenía energía! Desde entonces, solo he seguido mejorando. Estoy segura que el hecho de que soy joven influyó en mi rápida recuperación. He aprendido que necesito escuchar a mi cuerpo y saber cuando parar y descansar.
Ahora estoy en tercero de secundaria, esperando ansiosa por la temporada de fútbol y competencias de este año. Estoy tomando muchas clases este año y finalmente siento como si estuviera de vuelta la antigua yo. He vuelto a concentrarme, ya no me duelen los músculos, y ¡duermo fenomenal! No se donde estuviera de no haber encontrado el Centro de Fibromialgia y Fatiga. La amabilidad, apoyo, y comprensión que me han mostrado han sido mas de lo que lo que pude haber esperado.


